miércoles, 13 de mayo de 2015

La necesidad de ser razonables respecto a la decoración corporal


“La vanidad es la arena movediza de la razón”, escribió una novelista francesa. Lo cierto es que la razón ha tenido muy poco que ver con muchas de las cosas que se han hecho por vanidad a lo largo de los siglos. Por ejemplo, con tal de tener la cintura más delgada posible, las mujeres del siglo XIX se ceñían el corsé hasta el punto de casi no poder respirar. Se dice que algunas lograron cinturas de tan solo 32,5 centímetros. Hubo mujeres que se lo apretaron tanto que las costillas se les hundieron en el hígado, lo que les causó la muerte.
Aunque felizmente aquella moda caprichosa pasó, la vanidad que la causó se manifiesta hoy día tanto como entonces. Hombres y mujeres siguen sometiéndose a procedimientos complicados y hasta peligrosos con tal de modificar su apariencia natural. Por ejemplo, los establecimientos de tatuajes y perforaciones corporales, que antes solo frecuentaban los elementos marginales de la sociedad, hoy proliferan en los centros comerciales y en zonas residenciales. De hecho, en un año reciente, el tatuaje ocupó el sexto lugar entre los negocios minoristas de más rápido crecimiento de Estados Unidos.
También están ganando terreno formas más radicales de decoración corporal, sobre todo entre los jóvenes. Cada día es más popular hacerse orificios por todo el cuerpo: en los pezones y las tetillas, la nariz, la lengua e incluso los genitales. Para un grupo más reducido de personas, tal abundancia de perforaciones ha llegado a ser demasiado aburrida y están probando formas de adorno más extremas, como marcarse con metal candente, la escarificación y el grabado corporal, que consiste en introducir objetos debajo de la piel para producir hoyos y relieves extravagantes.
Una práctica antigua
La decoración y la modificación del cuerpo no son nada nuevo. En algunos lugares de África, la escarificación ritual y los tatuajes han servido por siglos para identificar a determinados grupos familiares y tribus. Curiosamente, en la actualidad se desaprueban y se van abandonando tales prácticas en muchos de esos países.
El tatuaje, la perforación corporal y la escarificación ya existían en tiempos bíblicos. Quienes los practicaban eran con mayor frecuencia las naciones paganas, en conexión con su culto religioso. Como es lógico, Jehová prohibió a su pueblo, la nación judía, que imitara a aquellos paganos (Levítico 19:28). De esta forma, los judíos, como “propiedad especial” de Dios, tendrían protección contra las degradantes prácticas de la religión falsa (Deuteronomio 14:2).
La libertad cristiana
Los cristianos no se rigen por la Ley mosaica, si bien algunos de sus principios se conservaron en la congregación cristiana (Colosenses 2:14). Así, el cristiano puede expresarse dentro de los límites de lo que es apropiado en lo que toca al tipo de embellecimiento que prefiere seguir (Gálatas 5:1; 1 Timoteo 2:9, 10). De todos modos, esa libertad no es ilimitada (1 Pedro 2:16).
En 1 Corintios 6:12, Pablo escribió: “Todas las cosas me son lícitas; pero no todas las cosas son ventajosas”. Comprendía que su libertad cristiana no le daba permiso para hacer todo lo que se le antojara sin consideración a los demás; el amor al prójimo influyó en su conducta (Gálatas 5:13). “No [vigilen] con interés personal solo sus propios asuntos —exhortó—, sino también con interés personal los de los demás.” (Filipenses 2:4.) Su punto de vista abnegado es un excelente ejemplo para todo cristiano que esté pensando en algún tipo de decoración corporal.
Principios bíblicos a tomar en cuenta
Uno de los mandatos para los cristianos es el de predicar y enseñar las buenas nuevas (Mateo 28:19, 20; Filipenses 2:15). Por ello, el cristiano no desea que nada, incluida su apariencia, distraiga la atención de las personas, de modo que no escuchen ese mensaje (2 Corintios 4:2).
Aunque es posible que decoraciones tales como la perforación corporal y los tatuajes sean populares entre algunas personas, el cristiano tiene que preguntarse: “¿Qué reacción provocaría en la zona donde vivo? ¿Me relacionarían con ciertos grupos marginados de la sociedad? Aun si mi conciencia me lo permitiera, ¿qué efecto tendrían en los miembros de la congregación mis perforaciones o tatuajes? ¿Lo tomarían como manifestación del ‘espíritu del mundo’? ¿Haría que dudaran de mi ‘buen juicio’?” (1 Corintios 2:12; 10:29-32; Tito 2:12).
Por otro lado, algunos tipos de modificaciones corporales conllevan graves riesgos para la salud. Se ha relacionado el uso de agujas antihigiénicas para hacer tatuajes con la propagación de la hepatitis y el VIH. A veces se producen enfermedades de la piel como resultado de las tintas que se emplean. Quizás las horadaciones tarden varios meses en sanar y duelan por mucho más tiempo, además de que también pueden causar una infección de la sangre, hemorragias, coágulos, daño al tejido nervioso y otras infecciones graves. Por otro lado, es difícil revertir algunas de estas operaciones. Por ejemplo, eliminar un tatuaje pudiera tomar múltiples sesiones caras y dolorosas de tratamiento con láser, dependiendo del tamaño y el color. Los orificios pueden dejar cicatrices para toda la vida.
La decisión de correr tales riesgos es personal. Pero quien desea agradar a Dios reconoce que ser cristiano implica ofrecerse a Dios. Nuestros cuerpos son sacrificios vivos que se le entregan para que él los utilice (Romanos 12:1). Por consiguiente, el cristiano maduro no ve su cuerpo como una propiedad exclusiva que pueda dañar o desfigurar a su antojo. En particular quienes satisfacen los requisitos para llevar la delantera en la congregación se distinguen por sus hábitos moderados, su juicio sano y por ser razonables (1 Timoteo 3:2, 3).
Para evitar las prácticas extravagantes y masoquistas de este mundo, tan irremediablemente “alejadas de la vida que pertenece a Dios”, al cristiano le será útil desarrollar y emplear la facultad de raciocinio educada por la Biblia (Efesios 4:18). Así brillará su carácter razonable delante de todos los hombres (Filipenses 4:5).
[Nota]
Existe una clara diferencia entre la escarificación por razones médicas e incluso estéticas y la escarificación compulsiva o mutilación que practican muchos jóvenes, especialmente adolescentes del sexo femenino. La última es con frecuencia un indicio de tensión emocional grave o de abusos, por lo que quizás se necesite ayuda profesional.


La clase de lugares que son las discotecas


Por todo el mundo millones de personas van semanalmente en busca de alguna discoteca para entretenerse. ¿A qué clase de lugares están yendo? ¿Se parecen mucho todas las discotecas?
No necesariamente. Las discotecas pueden diferir considerablemente unas de otras, pues como dice la revista Discothekin: “Discoteca sencillamente es música y baile y se le puede dar cualquier forma que uno desee. La gente dicta el éxito de un club, y si el dueño/administrador es astuto puede determinar su clientela con solo definir por medio de la música el ambiente que desea crear... sea el de los años setenta, los cuarenta o hasta los alegres noventa.”
Hasta hay discotecas para niñitos; otras están diseñadas particularmente con sus abuelos en mente. Algunos lugares se clasifican como “restaurantes-discotecas.” Pueden ser restaurantes durante las primeras horas de la noche. Pero más tarde se usan como discotecas. Esto le permite al dueño del restaurante obtener ingresos adicionales durante horas en las cuales su restaurante normalmente estaría cerrado. En Europa la mayoría de las discotecas son sitios en los que uno puede comer y beber así como bailar.
De modo que no todas las discotecas son iguales; puede fijarse ese nombre a lugares muy diferentes. Pero, ¿cuál es la esencia —la sustancia misma o alma— de las discotecas? ¿Qué estilo de vida promueven? ¿Cómo se refleja éste en su música, su baile, su indumentaria, y así por el estilo?
¿Qué son las discotecas?
Kitty Hanson, quien ha investigado y escrito extensamente sobre el tema, dice acerca de una discoteca moderna: “Bajo el deslumbrante dosel de luces, el piso parecía combarse a fuerza del golpear de los pies, y el aire comenzó a crepitar debido a la tremenda energía física. Entonces la sala estalló. El aire se llenó de gritos y llamados y miles de brazos oscilaban frenéticamente a medida que el efecto de la música casi arrebataba a los bailarines y los alzaba del piso. Fue un momento candente, hirviente de emoción puramente primitiva. Fue la esencia de la experiencia de las discotecas.”
¿Qué es esta “emoción puramente primitiva” —la esencia de la experiencia de las discoteca— que se evoca en los bailarines? Show Business, una revista para actores de variedades, nos da una idea en su artículo “Dinámica Década de Discotecas,” al decir:
“Un efluvio de aceptación rodea la tendencia de las discotecas . . . Las anticuadas costumbres sexuales, combatidas con éxito durante los años sesenta, se han rendido ante una nueva libertad sexual en que la gente trata honradamente con sus deseos y participa sin sentimiento de culpa.
“El homosexual baila codo a codo con la persona normal, y a ninguno de los dos parece importarles un bledo. Es esta libertad polifacética lo que constituye el alma de las discotecas, y su corazón es el pulsante ritmo de la música de discoteca.”
La expresión sexual libre, liberada —el abandono de las restricciones— esa es la esencia, el alma de las discotecas. De seguro esto recuerda las antiguas danzas de fertilidad en las que los adoradores se desencadenaban en movimientos frenéticos que excitaban las pasiones, y que muy bien pueden haber culminado con el coito sexual entre los participantes a fin de inducir a la “Madre Tierra” a producir nuevas cosechas.
Cierto, no todas las discotecas necesariamente animan a desechar las inhibiciones, pero las discotecas están identificadas con dicho estilo de vida ‘sexualmente-libre.’ “Lo que hace diferir a la discomanía de la mayoría de sus predecesores es su tendencia manifiesta a convertirse en orgía,” explica la revista Esquire. “Toda discoteca implícitamente es una orgía . . . Por medio de ofrecer la satisfacción instantánea y total de todos los deseos sexuales en un ambiente de intensa excitación imaginativa, la orgía inspirada por la discoteca promueve el despertar de un estado ensalzado de conocimiento, de éxtasis literal, o de estar fuera del cuerpo.”
Énfasis en el yo
Algunos quizás piensen en el baile de discoteca en particular como una forma disciplinada de baile que da realce al Hustle, y para algunos quizás lo sea. Sin embargo hay más envuelto en el baile de discoteca. Más bien, se concentra la atención de los que bailan no tanto en bailar con otra persona, sino en hacer como se le antoje —‘hacer lo suyo’— como dicen. Es una escena de exhibición sexual.
Se ha notado que la “discocultura” tiene por fuerza direccional el desenfreno y la complacencia para consigo mismo, y como resultado se han hecho algunos comentarios sumamente interesantes. Note el editorial “Discoteca, Narcisismo y Sociedad” en el Daily News de Nueva York del 19 de marzo de 1978:
“Separados por muros de música ensordecedora y arrebatados en una locura de luces brillantes, los que bailan hacen lo suyo, apenas tocándose, sin mirarse unos a otros, y ni siquiera hablarse. Es muy semejante a pararse ante un espejo y gritar: ‘yo, yo, yo, yo . . . ’ sin cesar.
“Esta autoindulgencia pura refleja una filosofía de raíces peligrosamente profundas en nuestra sociedad. Predica que cualquier cosa que el individuo desee hacer es 100% correcta... prescindiendo de cómo afecte a cualquier otra persona.
“La actitud se manifiesta en nuestra creciente proporción de divorcios, en nuestras legiones de familias rotas y en los incontables libros y movimientos amoldados a satisfacer los deseos personales y el amor propio.
“Queda muy poco espacio para el amor en la filosofía que impregna el mundo de las discotecas. Y eso es una lástima, porque los que han olvidado —o nunca han conocido— los gozos de dar y compartir se están perdiendo la parte más rica de la vida.”
El artículo del 20 de junio de 1978 de Esquire, tiene un empuje semejante, y se intitula “El estilo de las discotecas: Ámate a ti mismo.” El decir “que la discoteca se ha edificado sobre un renacimiento del ‘baile de contacto’ o que tiene como foco un paso llamado el Hustle latino,” “es o una ilusión por parte de los instructores [de baile] de las escuelas Arthur Murray o sencillamente una página femenina de periodismo malo. Lo cierto es que el actual bailarín de discoteca se interesa en la clase de espectáculo de un solo hombre que John Travolta despliega en la secuencia más excitante de Fiebre del Sábado Noche.”
Puesto que la película Fiebre del Sábado Noche ha tenido tanto que ver con el fenómeno del crecimiento y la propagación de las discotecas, considerémosla. ¿Qué clase de estilo de vida realza esa película y, de hecho, promueve?
“Fiebre del Sábado Noche”
El personaje principal de la película vive solo para una cosa... brillar en la discoteca el sábado por la noche. Se presentan las aventuras sexuales de los que frecuentan las discotecas, incluso el sexo oral, que se efectúa fuera de la discoteca en el automóvil durante los intermedios del baile. El lenguaje es de la peor especie. No obstante, todo esto se presenta como algo normal... el modo de vivir entre los que frecuentan las discotecas. En un artículo noticioso: “Por qué los adolescentes no deben ver ‘Fiebre del Sábado Noche,’” el Dr. Herbert Hoffman, un sicólogo neoyorquino, dice:
“Travolta y sus amigos están enseñando a los adolescentes a envolverse sexualmente con las jóvenes sin sentimientos románticos de ninguna clase, a usar a las muchachas como objetos sexuales, a privar de personalidad a la entera experiencia sexual.
“Las ideas que los adolescentes se llevan consigo de esta película pueden dañar trágicamente toda su vida.
“Los jóvenes se esforzarán por ‘marcarse un tanto’ con el sexo opuesto, con la idea de que tener relaciones con una joven es un logro del cual jactarse ante los amigos a fin de realzar su posición ante el grupo.
“Las jovencitas estarán convencidas de que o se requiere la promiscuidad a fin de asegurar la popularidad, o que los hombres están en busca de ‘una sola cosa.’ En cada caso, se pone en peligro la oportunidad que tienen de un envolvimiento profundo y emocionalmente duradero.
“Es una película enferma y no debemos permitir que los adolescentes susceptibles la vean.”
No obstante, millones de jóvenes en todo el mundo, a menudo junto con sus padres, han ido en tropel a ver esta película, haciendo de ella uno de los triunfos más grandes en la historia de la taquilla. Como se hizo notar, la película realza la esencia misma de las discotecas. Pero también lo hacen otros aspectos de la escena de las discotecas.
Música, ropa y drogas
A medida que crece su popularidad, son pocas las personas que no están familiarizadas con el sonido de la música de discoteca. Muchas canciones populares de los decenios anteriores se han mezclado con el ritmo pulsátil de la música de discoteca. A medida que se acostumbran a estas tonadas, hasta algunas personas de más edad a quienes les gustaban las canciones originales empiezan a disfrutar de las versiones actualizadas. Pero, de nuevo, ¿cuál es a menudo el empuje dominante de la música de discoteca?
Al informar acerca de uno de los grupos populares de música de discoteca, Discoworld dice: “En ‘Baby I’m On Fire,’ de su álbum actual, ‘Arabian Nights,’ las tres mujeres pronuncian con sonidos entrecortados y ronroneos ‘Oh, me estoy quemando.’ Entra un saxofón fálico, que convierte la canción en una fabulosa banda de sonido para un espectáculo con bailarinas semidesnudas de Times Square.” Entonces la revista añade: “El estilo cargado de sexo de la Familia Ritchie cae dentro de la esfera del empuje principal de la música de discoteca de hoy día, que es celebrar el placer.”
También la revista Time mencionó la flagrante explotación del sexo, incluso los esfuerzos por excitar sexualmente a los oyentes. Su artículo “Reinado llamativo de la reina de las discotecas” dijo: “En 1976 . . . recibió un disco de oro por medio de simular el orgasmo 22 veces.”
Las cubiertas de los álbumes de los discos también suministran una idea del tipo de música que éstos contienen. A veces se realza la desnudez, aunque la explotación sexual a menudo es más sutil. De una cubierta Discoworld dice: “Las posturas de Jaqui y Dodie, combinadas con la de Ednah, crean un símbolo de tres letras que al observarlo casualmente es invisible a la conciencia, pero que se percibe instantáneamente en el nivel del subconsciente: S-E-X [Sexo en inglés].”
Los estilos de ropa de los que frecuentan las discotecas también están en armonía con el énfasis que éstas dan al sexo. El libro Disco Fever muestra la fotografía de una joven bailando en una discoteca de Nueva York. Su vestido está abierto hasta la cintura y tiene la pierna alzada, mostrando una vista interior de casi toda su cadera. El pie del grabado dice: “La escena . . . resume la atracción de las discotecas.” Paulette Weiss, del personal de redactores de la revista Stereo Review, dice acerca de las personas que han sido arrebatadas por la experiencia de las discotecas: “He visto a mujeres desnudarse en la pista de baile.”
Al mantener el paso con el énfasis que las discotecas dan al llamado “placer,” las drogas fluyen libremente en las discotecas. Recientemente un arresto ocasionado por el narcotráfico en la más famosa discoteca de Nueva York recibió mucha publicidad. Pero el Daily News de Nueva York hizo notar: “Según los que frecuentan el establecimiento, el descubrimiento de drogas en Estudio 54 no debe sorprender a nadie que haya pasado algún tiempo allí. Se informa que desde que el sitio abrió en abril del año pasado la cocaína y la marihuana se intercambian, venden y usan abiertamente.”—15 de diciembre de 1978.
Sonido y luces
Por lo general se considera que el sonido y las luces son vitales a la experiencia de las discotecas. El sonido no solo se oye; es tan abrumador que se siente.
Pero, ¿puede ser peligroso un sonido tan poderoso? Un reciente informe noticiero de Rio de Janeiro, Brasil, dijo: “La posibilidad de que las discotecas sean peligrosas a la salud ha hecho que el gobierno se abstenga de emitir licencias a 20 establecimientos en la ciudad meridional de Porto Alegre hasta que se pueda hacer una investigación médica.” La cuestión bien puede haber tenido que ver con los niveles de ruido, y eso es fácil de entender.
El año pasado se efectuó una verificación del sonido en las discotecas de Long Island, Nueva York, en los Estados Unidos, y los inspectores hallaron que 18 establecimientos tenían niveles de ruido que sobrepasaban 95 decibelios por más de 30 segundos. A cada uno de estos establecimientos se le obligó a fijar en su entrada una señal de advertencia: “LOS NIVELES DE SONIDO EN EL INTERIOR PUEDEN OCASIONAR DAÑO PERMANENTE AL OÍDO.” La investigación médica revela que los niveles de ruido que por lo general se experimentan en las discotecas pueden ocasionar daño permanente al oído de ciertas personas, particularmente a las que se exponen a estos niveles de ruido con regularidad.
Las luces también presentan un posible peligro a la salud. ¿Cómo es eso? Pues bien, ciertas discotecas tienen un sistema de luces laser. “Si el haz de luz entra en el ojo,” dice el profesor Paul L. Ziemer de la Universidad Purdue, “se puede recibir una quemada en la retina... un punto ciego permanente.” Además, las luces estroboscópicas que oscilan al compás del ritmo de la música, pueden producir mareo, náusea y accesos alucinatorios. Entre los que han emitido advertencias acerca de estos posibles peligros se encuentra el gobierno británico, que hizo esto en un folleto sobre la seguridad en las escuelas.
¿Le ayuda esta consideración de las discotecas —sus raíces y la clase de lugares que las discotecas son— a ver por qué aquellos superintendentes cristianos que se reunieron en Brooklyn, Nueva York, el pasado diciembre estaban preocupados acerca de la creciente popularidad de las discotecas?
Sin embargo, muchas personas disfrutan de las discotecas debido a las mismas cosas acerca de ellas que otros consideran peligrosas. Creen que los riesgos son mínimos, y que vale la pena correrlos para disfrutar de lo que ellos consideran un rato de placer. En realidad, ¿cuán grandes son los peligros? ¿Representa el ir a las discotecas un riesgo para el bienestar y felicidad duraderos? Estos son asuntos que merecen nuestra consideración.


La atracción universal de la música latina



Más de cuatrocientos millones de personas hablan español por todo el mundo. Después del mandarín y el hindi, este idioma tiene más hablantes nativos que cualquier otro. No es de extrañar, por lo tanto, que a muchas personas les resulte familiar la música latinoamericana. Gente de todo el mundo ha disfrutado de escucharla o bailar al ritmo del mambo, el chachachá, el merengue o la salsa.
¿Por qué es tan popular esta clase de música? En parte por su carácter vivaz y alegre. A muchos latinoamericanos les gustan los ritmos rápidos y tropicales. Esclavos procedentes de África occidental introdujeron hace centenares de años varios de estos compases en Latinoamérica. Hay que admitir que a algunas personas que no son latinas les resulta difícil entender los ritmos más rápidos, caracterizados por el son reiterativo del tambor.
La música latina también puede ser lenta, romántica y hasta melancólica. Por ejemplo, el bolero latinoamericano siempre ha gozado de gran aceptación en muchos países. Normalmente lo ejecutaban tríos y se caracterizaba por su naturaleza romántica y poética. Fue muy popular durante los años cuarenta y cincuenta, y ahora está resurgiendo en la música vocalista de artistas jóvenes. Los mariachis de México, con sus llamativos trajes, grandes sombreros e inconfundibles sones, también son famosos en todo el mundo.
El merengue, la salsa y el tex-mex
El merengue y la salsa se han hecho muy populares en muchos países. Estos ritmos no son nuevos. El merengue se originó en la República Dominicana y en Haití. De él se ha dicho que es “increíblemente rápido, reiterativo, pegadizo y delicioso”. Su nombre hace referencia al dulce que se prepara batiendo enérgicamente azúcar y claras de huevo. Al observar los vigorosos movimientos con que bailan algunos merengueros, cualquiera puede comprender que el nombre resulta muy apropiado.
El género musical de la salsa reúne una variedad de ritmos, en su mayoría de origen cubano y puertorriqueño. Hay quienes afirman que la salsa debe su nombre a una fusión musical que tuvo lugar en Nueva York, donde se dio cita una amalgama de artistas de todo el Caribe. Desde allí se esparció por el mundo entero.
El asesinato en 1995 de Selena, una cantante hispana de Estados Unidos, elevó sus canciones a un rango de popularidad aún mayor que cuando estaba viva. Se la conocía como la reina del tex-mex, que se ha definido como una combinación de música country norteamericana y de ritmos norteños (del norte de México) con letras en inglés, en español o en spanglish, que es una mezcla de español e inglés. Este tipo de música ha alcanzado mucha popularidad entre los latinos de Estados Unidos y en Latinoamérica.
El punto de vista equilibrado de la música y el baile
Al igual que sucede con muchos otros placeres, la moderación es la clave para que obtengamos el mayor disfrute de la música (Proverbios 25:16). Los cristianos son selectivos en sus preferencias musicales. La Biblia advierte: “Vigilen cuidadosamente que su manera de andar no sea como imprudentes, sino como sabios, comprándose todo el tiempo oportuno que queda, porque los días son inicuos” (Efesios 5:15, 16). Es notorio que los temas de algunas canciones son irreverentes, inmorales o hasta satánicos. La música latina no es inmune a esas influencias corruptivas.
Las letras de ciertas canciones latinas son obscenas. Algunas tienen doble sentido, mientras que otras son eróticas o sexualmente explícitas. Los temas políticos, la violencia y la rebelión también se resaltan en un buen número de canciones. Por ejemplo, entre muchos latinos ha gozado de amplia aceptación la música mexicana conocida como corrido. Sin embargo, recientemente se está popularizando un nuevo tipo: el narco corrido. Sus canciones refieren las historias violentas de los narcotraficantes, y los presentan como héroes. Algunas canciones de los mariachis también tratan temas ofensivos y ensalzan la borrachera, el machismo o el nacionalismo. Igual puede decirse de ciertas letras del merengue, la salsa y otros tipos de música latina.
Hay a quienes les gustan estos ritmos pero no entienden la letra de las canciones. Es posible que, sin saberlo, escuchen con placer composiciones que alientan la inmoralidad sexual, la violencia e incluso el ocultismo. Puede que quienes entienden español hagan caso omiso de letras objetables mientras bailan al son del ritmo pegadizo y alegre. Sin embargo, un profundo respeto por las normas bíblicas nos impulsará a examinar detenidamente todos y cada uno de los temas que se oigan en nuestra casa y en las reuniones sociales. Así evitaremos escuchar canciones cuya letra ofenda a Dios, o de bailar al son de sus compases.
También hemos de vigilar que la manera en que bailemos no haga tropezar a otras personas (1 Corintios 10:23, 24). Los cristianos se cuidan de que sus movimientos no reflejen un desenfreno insensato que los despoje de su dignidad. Tampoco quieren tomar parte en danzas deliberadamente provocativas. Las parejas casadas sensatas no permiten que el baile se convierta en una exhibición impropia de intimidades maritales.
El equilibrio cristiano también exige moderación en lo relativo al volumen de la música que se toca y a la duración de las reuniones sociales. No cabe duda de que quienes adoran a Jehová pueden disfrutar de su música favorita sin que para ello tengan que participar en “parrandas” que se extienden hasta la madrugada y que se caracterizan por un volumen ensordecedor. La Biblia exhorta: “Basta el tiempo que ha pasado para que ustedes hayan obrado la voluntad de las naciones cuando procedían en hechos de conducta relajada, lujurias, excesos con vino, diversiones estrepitosas, partidas de beber e idolatrías ilegales” (1 Pedro 4:3).
A pesar del predominio cada vez mayor de elementos inmorales en el moderno mundo del espectáculo, todavía se puede disfrutar de una gran variedad de música sana. La música es un hermoso regalo de Dios, y la Biblia dice que hay “un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: [...] un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar” (Eclesiastés 3:1, 4, Levoratti-Trusso). Si le gusta la música animada y pegadiza, sin duda disfrutará de escuchar y bailar con moderación y equilibrio cristiano los atractivos ritmos de la música latina (1 Corintios 10:31; Filipenses 4:8).


miércoles, 22 de abril de 2015

No están comprendiendo


El Standard, una publicación católica nacional publicada en Ghana, presentó un editorial acerca de la obra de la Iglesia Católica, y señaló que ésta “ha hecho una enorme contribución al desarrollo del país.” El editorial llama atención a las escuelas, hospitales y clínicas edificados por la iglesia, así como a proyectos agrícolas y de excavación de pozos. “Pero ha llegado el tiempo para empezar a mirar en otra dirección,” dice. “El desarrollo de la gente debe tener mayor prioridad que el desarrollo del país y las instituciones.” ¿Cómo?
“La mayoría del pueblo de Dios que pasa su tiempo en oficinas, haciendas, escuelas y fábricas tiene hambre de alimento espiritual más fuerte. Estas personas están dispuestas a vivir el Evangelio en su plenitud, pero, ¿quién les mostrará el camino? . . . No estamos suministrando a la gente el alimento espiritual que necesita.”
Si esta iglesia no ha hecho esto para el hombre común después de siglos de existencia, ¿qué razón hay para creer que ahora ha de empezar a suministrar el “alimento espiritual” que sus miembros realmente necesitan? El apóstol Pedro mismo recibió el mandato de Jesús sobre esto tres veces, para énfasis, cuando se le preguntó si amaba al Cristo. “Apacienta mis corderos . . . mis ovejas” (no: ‘construye escuelas y hospitales’), se le dijo a Pedro, para que probara su amor. Evidentemente Pedro comprendió, pero la Iglesia Católica no.—Juan 21:15-17, Versión Nácar-Colunga, católica.


lunes, 20 de abril de 2015

Llegan misioneros a Maracaibo



Maracaibo, en la sección noroccidental del país, es la segunda ciudad más grande de Venezuela y se caracteriza por el calor y un elevado índice de humedad. También es la capital petrolífera de Venezuela. La parte nueva de la ciudad contrasta con el casco antiguo, que está al lado del puerto; la parte más antigua, con sus calles estrechas y casas de adobe de estilo colonial, apenas ha cambiado desde el siglo pasado.
El 25 de diciembre de 1948 llegaron en barco seis misioneros. Venían cargados de ropa de invierno porque acababan de dejar la gélida Nueva York. Componían el grupo Ragna Ingwaldsen, que se bautizó en 1918 y todavía sirve de precursora en California, Bernice Greisen (ahora Bun Henschel, miembro de la familia de Betel de la sede mundial), Charles y Maye Vaile, Esther Rydell (medio hermana de Ragna) y Joyce McCully. Un matrimonio que estaba empezando a relacionarse con los Testigos los recibió en su pequeña casa, donde los misioneros colocaron como pudieron sus quince baúles y cuarenta cajas de publicaciones. Cuatro durmieron en hamacas, y dos, en camas hechas de cajas de libros, hasta que alquilaron una casa, que llegó a ser su hogar misional.
Ragna recuerda que el aspecto de los seis extrañaba mucho a los maracuchos. Varios de los misioneros eran altos y rubios. Ragna cuenta: “Cuando íbamos de casa en casa, solían seguirnos hasta diez niños desnudos, que iban escuchando nuestra extraña forma de hablar el idioma. Ninguno de nosotros seis sabía más de una docena de palabras en español. Pero cuando se reían, nos reíamos con ellos”. Al llegar estos misioneros, solo había cuatro publicadores en Maracaibo. A principios de 1995 había 51 congregaciones y un total de 4.271 publicadores.
Se contestó su oración
Benito y Victoria Rivero fueron el matrimonio que recibió amablemente en su casa a los seis misioneros. Benito había obtenido el libro “El Reino Se Ha Acercado” de manos de un precursor de Caracas llamado Juan Maldonado. Cuando Pedro Morales lo visitó posteriormente para ofrecerle un estudio, Benito se entusiasmó; no solo estudió, sino que de inmediato empezó a asistir a las reuniones del grupo. También animó a su esposa a ir, diciéndole que los cánticos eran muy bonitos, pues a ella le gustaba cantar. Ella le acompañaba, pero, como en realidad no entendía todo lo que decían, muchas veces se quedaba dormida.
Una noche, en casa, pensando que su esposa ya se había dormido, Benito oró en voz alta a Jehová y le pidió que la iluminara. Ella oyó la oración y se conmovió profundamente. Después de la muerte de Benito, en 1955, Victoria se hizo precursora regular, y más adelante, precursora especial.
Llegan a las zonas rurales próximas a Maracaibo
Uno de los que abrazaron la verdad en la región de Maracaibo fue el padre de Rebeca (ahora Rebeca Barreto). Ella tenía solo cinco años cuando Gerardo Jessurun empezó a estudiar la Biblia con su padre, que se bautizó en 1954. Aún guarda recuerdos muy gratos de cuando salía a predicar de pequeña. “Alquilábamos un autobús, y toda la congregación viajaba a las zonas rurales —recuerda—. La gente del campo no tenía mucho dinero, pero apreciaba las publicaciones. Era todo un espectáculo ver al final del día a los hermanos llevando en el autobús huevos, calabazas, maíz y pollos vivos que habían trocado por las publicaciones.”
Pero no a todo el mundo le alegraba verlos. La hermana Barreto recuerda un incidente que ocurrió en el pueblo de Mene de Mauroa: “Mientras predicábamos de casa en casa, el cura iba detrás rompiendo las publicaciones que los vecinos habían aceptado y diciéndoles que no escucharan a los testigos de Jehová. Organizó una chusma compuesta de muchos jóvenes y logró enfurecerlos, de modo que empezaron a arrojarnos piedras. Varios hermanos y hermanas resultaron heridos”. El grupo de Testigos corrió en busca del prefecto del pueblo. Como este era amable con los Testigos, le dijo al cura que tendría que llevárselo a su oficina un par de horas ‘para protegerlo de los predicadores’. La turba se dispersó al no contar con su líder, y los Testigos dedicaron las siguientes dos horas, libres de hostigamiento, a dar un testimonio cabal en el pueblo.
Llega más ayuda
El territorio era extenso, y se necesitaba más ayuda para atenderlo. En septiembre de 1949 llegaron unos hermanos recién graduados de la Escuela de Galaad para colaborar en la siega espiritual. Tenían un gran deseo de participar, lo cual no significaba que se les fuera a hacer fácil. Cuando Rachel Burnham, que viajaba en el barco Santa Rosa, divisó las luces del puerto a través de la portilla de su camarote, sintió el mayor alivio de su vida, pues estaba mareada desde la partida del barco de Nueva York. Aunque eran las tres de la madrugada, despertó entusiasmada a sus tres compañeras. Su hermana Inez y las otras dos muchachas —Dixie Dodd y su hermana Ruby (ahora Baxter)— habían disfrutado del viaje, pero se alegraron de llegar a su nueva asignación.
Fue a recibirlas un grupo en el que estaban Donald Baxter, Bill y Elsa Hanna (misioneros que habían llegado el año anterior) y Gonzalo Mier y Terán. Tomaron un autobús para llevarlas del puerto a Caracas. Al parecer, el conductor quiso hacer que el viaje fuera más espeluznante de lo habitual en honor de las recién llegadas, y lo logró. Tomaba las curvas cerradas a toda velocidad, llevando el autobús al borde del precipicio. Hoy es el día que las hermanas todavía hablan de aquel viaje.
Se las asignó a la sucursal y hogar misional de El Paraíso. Rachel e Inez sirvieron fielmente en el campo misional hasta su muerte, en 1981 y 1991, respectivamente. El resto del grupo todavía sirve fielmente a Jehová.
Al recordar los primeros meses en su asignación, Dixie Dodd dice: “Sentíamos mucha nostalgia. Pero no teníamos dinero ni para ir al aeropuerto”. Centraron su atención en que la organización de Jehová les había confiado la asignación de misioneras en tierra extranjera. Con el tiempo dejaron de soñar en volver a casa y se concentraron en su labor.
Malentendidos
Para la mayor parte de los nuevos misioneros, el idioma fue un problema, al menos por una temporada.
Dixie Dodd recuerda que una de las primeras cosas que les enseñaron fue que debían decir “mucho gusto” cuando les presentaban a alguien. Aquel mismo día las llevaron al Estudio de Libro de Congregación. De camino fueron repitiendo la expresión una y otra vez en el autobús: “Mucho gusto. Mucho gusto”. “Pero para cuando nos presentaron —dice Dixie—, se nos había olvidado.” Con el tiempo lograron recordarla.
Bill y Elsa Hanna, que sirvieron de misioneros de 1948 a 1954, recordaron por mucho tiempo sus equivocaciones. En una ocasión, el hermano Hanna quería comprar una docena de huevos blancos, pero pidió huesos blancos. En otra ocasión fue a comprar una escoba. Temiendo que no lo hubieran entendido, trató de ser más específico: “Para barrer el cielo, dijo, en lugar de suelo. El tendero replicó socarronamente: “Tiene grandes aspiraciones, señor”.
Cuando Elsa, la esposa de Bill, fue a la embajada, explicó que quería remover su pasaporte en vez de renovarlo. La secretaria le preguntó: “¿Pues qué hizo, señora? ¿Se lo comió?”.
Genee Rogers, una misionera que llegó en 1967, se desanimó un poco al principio, pues siempre que hacía una presentación que había ensayado con cuidado, el amo de casa se dirigía a su compañera y preguntaba: “¿Qué dijo?”. Pero la hermana Rogers siguió intentándolo, y en los veintiocho años que lleva de misionera ha ayudado a unas cuarenta personas a aprender la verdad y llegar al bautismo.
Willard Anderson, que llegó de Galaad con su esposa, Elaine, en noviembre de 1965, admite con franqueza que el idioma nunca ha sido su fuerte. Willard, siempre dispuesto a reírse de sus propios errores, dice: “Estudié español seis meses en la escuela secundaria, hasta que mi maestro me hizo prometer que nunca volvería a apuntarme a su clase”.
Pero con el espíritu de Jehová, perseverancia y buen humor, los misioneros no tardaron en sentirse cómodos con el nuevo idioma.

Hasta las casas tienen nombre
El idioma no fue lo único que los misioneros encontraron diferente. Tuvieron que utilizar un sistema distinto para tomar nota de los hogares adonde volver. En aquellos días, muchas casas de Caracas no tenían números. El propietario escogía un nombre para su casa. Los hogares de la gente acomodada se denominan quintas, y con frecuencia reciben el nombre de la señora de la casa. La dirección de alguien pudiera ser, por ejemplo, Quinta Clara. Muchas veces se combina el nombre de los hijos: Quinta Carosi (Carmen, Rosa, Simón). El propietario de la primera sucursal y hogar misional que alquiló la Sociedad ya había llamado a su casa Quinta Savtepaul (San Vicente de Paul), y como estaba en una calle principal, pronto llegó a conocerse como el lugar donde se reunían los testigos de Jehová.
En 1954 se compró una casa nueva para alojar la sucursal y el hogar misional, de modo que los hermanos tuvieron que usar su imaginación y escoger un nombre apropiado. Eligieron el nombre Luz, teniendo presente la admonición de Jesús de que “resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres”. (Mat. 5:16.) Aunque la sucursal se trasladó después a un lugar más grande, a principios de 1995 Quinta Luz todavía se utilizaba para albergar a once misioneros.
El centro de Caracas tiene un sistema de direcciones único. Si usted pide la dirección de un determinado establecimiento o de un edificio de apartamentos, tal vez le digan algo como “La Fe a Esperanza”. Quizá piense que esto no parece una dirección. Lo que sucede es que en el centro de Caracas cada intersección tiene un nombre. De modo que la dirección que usted busca se encuentra en el bloque ubicado entre Fe y Esperanza.


La fabulosa variedad de vida en la alta Amazonia



Desde el pie de los Andes se extiende hacia el este una alfombra de vegetación que cubre unos 3.700 kilómetros (2.300 millas) de territorio sudamericano. Al final, este inmenso mar verde —la Amazonia— muere en el azul del Océano Atlántico.
La parte de esta selva que está en Perú —su región Amazónica— ocupa casi el sesenta por ciento del país. Aunque solo una mínima parte de la población de Perú habita dicha región, su techo selvático de 35 metros (115 pies) de altura alberga multitud de animales y plantas. De hecho, se dice que la Amazonia es uno de los tesoros ecológicos más ricos del planeta. Más de tres mil variedades de mariposas revolotean por el aire cálido y húmedo. Unas cuatro mil especies de orquídeas ostentan sus hermosas flores. También hay más de noventa especies de serpientes que merodean por las ramas de los árboles y por el suelo selvático. Y en los arroyos y ríos hay unas dos mil quinientas especies de peces, como la anguila eléctrica y la piraña.
Entre las vías fluviales que serpentean por la selva, la principal es el río Amazonas. Hay áreas en donde las precipitaciones anuales oscilan entre 2.500 y 3.000 milímetros (8 a 10 pies), lo cual provoca desbordamientos en los cauces del Amazonas y sus 1.100 afluentes. El calor y la humedad proporcionan a las plantas un baño de vapor que ellas agradecen. Curiosamente, la vegetación crece exuberante en este suelo arcilloso, uno de los más pobres del planeta y, por tanto, inadecuado para el cultivo permanente.
Primeros pobladores
¿Quiénes escogerían vivir en un lugar así? Los arqueólogos afirman que millones de personas vivieron en la cuenca del río Amazonas en siglos pasados. Actualmente, en la región peruana de la Amazonia hay unos 300.000 habitantes de más de cuarenta grupos étnicos. Se cree que catorce de estas comunidades viven prácticamente aisladas del mundo exterior. Esto se debe a que, tras haber conocido la llamada civilización, se retiraron a los lugares más remotos de la selva para aislarse.
Veamos el origen de los habitantes de la Amazonia. Según algunos especialistas, los primeros migradores llegaron del norte siglos antes de nuestra era. De Venezuela migraron los arahuacos, y del Caribe, los jíbaros, famosos por reducir las cabezas de sus enemigos tras asesinarlos. Se piensa que algunas tribus llegaron de Brasil, que se encuentra al este, mientras que otras de Paraguay, que está al sur.
Es posible que, una vez establecidas, la mayoría de estas tribus se desplazaran dentro de ciertos límites, viviendo de la caza y la recolección. Además, se dedicaron al cultivo de la yuca (o mandioca), el ají, el banano y el maíz, que son de las pocas plantas aptas para el cultivo en suelos ácidos. Ciertos cronistas españoles observaron lo bien organizados que estaban algunos de estos pueblos, especialmente en cuanto a técnicas de almacenamiento de alimentos y crianza de animales silvestres.
Choque de culturas
Durante los siglos XVI y XVII, la Amazonia fue invadida por conquistadores españoles seguidos de misioneros jesuitas y franciscanos. Estos religiosos, resueltos a convertir a los nativos a la fe católica, trazaron excelentes mapas que abrieron la Amazonia para el provecho de los europeos. Pero los misioneros también abrieron la puerta a las enfermedades y la aniquilación.
En 1638, por ejemplo, se fundó una misión en lo que ahora es la provincia de Maynas (Perú). Sin más ni más, los misioneros juntaron grupos rivales y los obligaron a vivir en comunidad. ¿Con qué “noble” propósito? Que trabajaran al servicio de los misioneros y conquistadores, quienes los consideraban ignorantes e inferiores. Y, debido a su estrecho contacto con los europeos, miles de nativos murieron de sarampión, viruela, difteria y lepra. Además, otros miles perecieron de hambre.
Muchos indígenas huyeron de las misiones establecidas por distintas órdenes religiosas. A decenas de misioneros los mataron en levantamientos, tanto así que en cierto período a principios del siglo XIX solo quedaba un sacerdote en toda la Amazonia.
Los indígenas de hoy
En la actualidad, muchos indígenas mantienen sus costumbres ancestrales. Por citar un ejemplo, construyen sus viviendas a la manera tradicional: levantan una estructura de varas y la techan con hojas de palma u otras plantas. Y para protegerse de las inundaciones anuales y de los animales salvajes, hacen las casas sobre pilotes.
Estas tribus tienen una forma de vestir y arreglarse muy variada. Los indígenas que viven en lo más profundo de la selva utilizan taparrabos o faldillas tejidas, y sus niños andan desnudos. Hay quienes se perforan la nariz o los lóbulos de las orejas para ponerse aros, varitas, huesos o plumas. Otros, como los mayorunas, se agujerean las mejillas, y algunos tucunás y jíbaros incluso se liman los dientes. Muchas comunidades acostumbran depilarse el vello corporal y hacerse tatuajes. Por otra parte, los que tienen más contacto con el mundo fuera de la selva han adoptado la forma de vestir occidental.
Como las etnias de la Amazonia conocen miles de plantas, la selva es su farmacia. De ahí obtienen remedios contra las mordeduras de serpiente, la disentería y las afecciones de la piel, entre otros problemas. También extraen caucho de los árboles, el cual —mucho antes de que el mundo occidental lo descubriera— ya utilizaban a fin de impermeabilizar canastos para el trabajo y hacer pelotas para sus juegos. La selva, además, les da la materia prima para sus medios de transporte y comunicación. Por ejemplo, talan árboles con el fin de fabricar canoas para desplazarse por los ríos y vacían troncos con el fin de hacer tambores para transmitir mensajes a grandes distancias.
La influencia de los chamanes y las supersticiones
Para los habitantes de la Amazonia, la selva está repleta de almas que deambulan por las noches, espíritus que causan daño y dioses que merodean por los ríos en busca de víctimas incautas. Cabe mencionar que los aguarunas, una de las etnias más numerosas de Perú, adoran a cinco dioses: Padre Guerrero, Padre Agua, Madre Tierra, Padre Sol y un Padre chamán. Muchos creen que las personas se convierten en plantas y animales. Y para no ofender a los espíritus, se abstienen de matar a ciertos animales, y a otros solo los cazan cuando es estrictamente necesario.
Los chamanes, o hechiceros, ejercen control sobre la sociedad y la vida religiosa tradicional. Utilizan plantas alucinógenas para entrar en trance. Algunos indígenas acuden a ellos para que les curen sus enfermedades o les predigan sucesos futuros, como si tendrán buenas cosechas o si les irá bien en la caza.
El futuro de esta parte de la Amazonia
El mundo de la Amazonia va reduciéndose a pasos agigantados. Por un lado, las nuevas carreteras fragmentan la selva, y por otro, las granjas y las plantaciones de coca la van invadiendo. La tala ilegal ha dejado al descubierto enormes franjas de selva, destruyendo cada día el equivalente a 1.200 campos de fútbol. Incluso las vías fluviales se han visto afectadas, pues la minería legal y la producción ilegal de cocaína han contaminado los afluentes que alimentan el río Amazonas.
Es obvio que las aisladas etnias de esta región también experimentan las dificultades de nuestros días, a los que la profecía bíblica llama “tiempos críticos, difíciles de manejar” (2 Timoteo 3:1-5). Pero ¿deberíamos pensar que la Amazonia desaparecerá irremediablemente? La Biblia nos asegura que no será así. Bajo el Reino de Dios, todo el planeta llegará a ser un paraíso, tal como nuestro Creador se lo propuso en un principio (Isaías 35:1, 2; 2 Pedro 3:13).


“Guárdense de los ídolos”


Considere otra manera como se engaña a la gente en cuanto a adoración. El apóstol Juan escribió: “Hijitos, guárdense de los ídolos”. (1 Juan 5:21.) Unos mil millones de personas son miembros de la cristiandad, y puede que digan que adoran al mismo Dios a quien adoró Juan. Con todo, centenares de millones de esas personas se inclinan ante imágenes de “santos”, de Jesús y de la virgen María.
La idolatría se presenta en otras formas sutiles. En 44 E.C. el rey Herodes Agripa pronunció un discurso público, y la gente se entusiasmó tanto que gritó: “¡Voz de un dios, y no de un hombre!”. (Hechos 12:21, 22.) Sí, idolatraron a Herodes y lo hicieron un dios. Cosas similares suceden hoy día. En los días violentos en que el nazismo ascendía al poder en Europa, el clamor “¡Heil Hitler!” era en realidad un grito de adoración. Muchos estuvieron dispuestos a pelear y morir por el Führer como si él fuera un dios, el salvador de la nación. Sin embargo, ¡la mayoría de los que rendían aquel homenaje eran miembros de las iglesias de la cristiandad!
Antes y después de los días de Hitler ha habido otros líderes políticos que también se han proclamado salvadores y han exigido devoción exclusiva. Los que sucumbieron convirtieron a aquellos hombres en dioses, prescindiendo de la religión formal a que pertenecieran como “adoradores” o de que afirmaran ser ateos. El homenaje que los fanáticos dan a estrellas de los deportes y del cine y a otros artistas también se asemeja a adoración.